Marcelino García-Noriega ejerce la pediatría en la sección de neurología infantil. Compagina su consulta en el centro de salud de Sotrondio con su trabajo en el Hospital Valle del Nalón. Es experto en Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad ( TDAH), e imparte charlas en los colegios para acercar a los profesores y a los padres a este tipo de problemas, enseñarles a reconocer sus síntomas y a tratarlos. -¿Cuál es uno de los trastornos psiquiátricos más frecuentes en la infancia? En la actualidad, el trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad es el más común de la infancia y afecta a entre un cuatro y un siete por ciento de niños en edad escolar. -¿Ha proliferado en los últimos años?
No hay más casos, lo que ocurre es que se diagnostica más. Siempre hubo niños hiperactivos. -¿Cuáles son los síntomas que presentan los niños con déficit de atención? Primero el déficit de atención donde parecen no escuchar, son fácilmente distraíbles, cometen errores por descuido, no terminan las tareas, se muestran olvidadizos y mal organizados. Segundo la hiperactividad, donde son incapaces de mantenerse sentados, corren constantemente, no pueden jugar tranquilamente y hablan en exceso. Por último la impulsividad, tan implicada en problemas conductuales, donde el niño responde antes de acabar la pregunta, tiene problemas para esperar turno y se entromete o interrumpe la conversación de los demás. Sin embargo, a medida que el niño va creciendo y evolucionando pierde su hiperactividad, que en el adolescente y adulto se internaliza. El déficit atencional se mantiene durante toda la vida. -¿A qué afecta este trastorno?
La falta de atención causa problemas sobre todo en el ámbito escolar. Son tan fácilmente distraíbles que cualquier estímulo, por pequeño que sea, les hace perderse en su propio mundo. No tienen sentido del tiempo y carecen de capacidad de previsión por falta de un lenguaje interno, es decir, tienen dificultad para hablar consigo mismos, reflexionar y razonar. A consecuencia de esto les resulta difícil planificar su vida, el trabajo, el juego o el deporte en grupo. Por eso es tan importante que sus profesores y padres sepan organizarlos, establecerles pautas temporales para lograr que se centren. Estos niños, cuando están haciendo un examen, por ejemplo, se dispersan y comienzan a pensar en otra cosa. Si el profesor sabe detectarlo, se dará cuenta de que el fracaso escolar de algunos de estos estudiantes no se debe a un problema cognitivo, sino a un trastorno en la atención. -¿Es, por tanto, un problema de rendimiento? Sí, y no de conocimiento ni de habilidades. Sí saben las cosas, lo que no saben es cómo utilizarlas o aplicarlas. Te sorprenden constantemente, porque un día lo hacen muy bien y otro fatal, y la explicación más fácil siempre es decir que son vagos. Por ello recomiendo al profesorado enseñar menos y motivar más. En el caso de los niños que además presentan hiperactividad, no controlan sus emociones, siempre dicen lo que piensan y se frustran con facilidad. Todo este movimiento e impulsividad facilita que tengan más problemas de conducta y de relación social. -¿Y es fácil de detectar?
Curiosamente hay más casos de hiperactividad en los niños que en las niñas, en una proporción de cuatro niños por cada niña. No porque el trastorno sea más frecuente en ellos, sino porque se diagnostica con más facilidad. Las niñas son menos inquietas; pueden padecer un trastorno por déficit de atención e hiperactividad sin que sea perceptible precisamente por eso. Lo mismo sucede en los niños que son más tranquilos y despistados, que no molestan y pasan más desapercibidos. Otra de las dificultades que se plantea es que el niño va cambiando en su maduración neurológica y, además, el abanico que va desde la normalidad hasta lo que ya es un trastorno es muy amplio. En la sociedad en la que vivimos, en pleno movimiento, todos sufrimos un poco la hiperactividad. Incluso podemos reconocer rasgos en nuestra conducta que se parezcan a estos trastornos, como la falta de atención. Sin embargo, hay que saber distinguir cuándo esto es algo puntual o cuándo supone un problema. Siempre digo que en estos casos hay que tener mucho oído clínico para detectar el trastorno e indagar para saber con certeza qué problemas presenta.
-¿En qué deriva este trastorno en la edad adulta? Normalmente se compensa o adapta de alguna u otra forma, aunque hay un cinco por ciento, o quizás más, que puede desembocar en conductas de riesgo, como conflictos con familiares y amigos o consumo de drogas. También es frecuente en los adultos hiperactivos que cambien con frecuencia de trabajo, de pareja y que tengan accidentes de tráfico, porque suelen conducir con gran impulsividad.
-¿En qué aspectos insiste en sus charlas escolares? Uno de los puntos en los que me gusta hacer hincapié es que no todos los casos deben tratarse con fármacos. Los pediatras están bien formados y no medican a la ligera. Antes de adoptar esta medida hay que recurrir a otros métodos, como por ejemplo terapias cognitivo conductuales. La familia y el colegio juegan un papel fundamental. Cuando ves que el caso ya es serio o grave y necesita un refuerzo adicional a la terapia es cuando tienes que recurrir a los fármacos. Es decir, requiere de un tratamiento multidisciplinar que incluye un abordaje familiar, pedagógico, psicológico y, en los casos donde lo necesite entonces utilizaremos la terapia farmacológica. -¿Hay alguna asociación en la comarca del Nalón dedicada a estos trastornos?
El Colegio Público El Bosquín, de El Entrego, es la sede de una de las delegaciones en la región de la Asociación de Niños Hiperactivos del Principado de Asturias (Anhipa), que tiene su sede central en Gijón. Los niños que acuden reciben terapia de psicólogos y los padres se muestran muy receptivos con las actividades que se desarrollan, en las que se les enseña a tratar estos trastornos. De hecho, también acuden padres de niños sin ningún tipo de problema para aprender a educarlos. -¿Puede haber relación entre el TDAH y que el niño tenga una inteligencia superior?
Algunos niños con lo que hoy llamamos «alta capacidad» pueden presentar estos síntomas. Sin embargo, en caso de duda lo normal es enviarlos a que realicen un estudio psicosométrico. Es muy importante ir descartando posibilidades. De hecho, también un autista puede presentar síntomas de hiperactividad y falta de atención, incluso un niño con un problema de dislexia.
-¿A qué afecta el autismo? Fundamentalmente es un problema de comunicación, de interacción social y de patrones repetitivos y restrictivos de conducta. Lo ideal de este trastorno sería detectarlo antes de los dos años. Sin embargo, en España la edad media está ahora mismo entre cuatro y cinco años.
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