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Cuando le detectaron el mal a su hijo, Margarita entendió por qué ella era tan despistada y problemática en el colegio. La segunda hija también tiene el trastorno. "Desde que nació supe que mi hijo Daniel, hoy de 9 años, era diferente: complicado, difícil de manejar, lloraba por todo, era agresivo e impulsivo, se oponía y se enfrentaba.
Hace cuatro años le diagnosticaron transtorno de déficit de atención asociado a hiperactividad (Tdah).
El médico nos dijo que este problema era genético. Decidí someterme a las pruebas que se hacen para detectar estos casos y supe que también tenía el problema. Caí en cuenta de muchas cosas: de niña era hiperactiva, pero distinta.
No es que me costara quedarme quieta, sino que ejecutaba muchas actividades al tiempo y las dejaba empezadas. Además era despistada, las profesoras me decían que vivía en la luna.
Eso, claro está, me generó vacíos de conocimiento que después tenía que reforzar fuera del colegio.
Las relaciones interpersonales eran difíciles: antes de empezar el tratamiento yo era la de los chistes y comentarios malos; los hacía, ofendía, y no me daba cuenta. Tenía que hacer el doble de esfuerzo para poder llevar un orden específico. Captaba muchas cosas al tiempo: organizarlas era lo difícil.
Hace un año diagnosticaron también a mi hija Natalia, de 6 años. Imagínese lo que eso es. La ventaja es que sé cómo se sienten: uno ya conoce síntomas y problemas". Adaptarse a las normas "Los niños y yo recibimos tratamiento, mi esposo nos acompaña a las sesiones y le explicamos a María José, de 4 años, de qué se trata todo. Hemos adoptado una serie de pautas de crianza y de manejo diario que facilitan las cosas. Por ejemplo, tenemos claro, en lo atencional, que a estos niños no sirve llamarlos de lejos, porque no prestan atención: hay que mirarlos a los ojos y explicarles. En lo emocional les cuesta adaptarse a normas y reglas. Con ellos no funciona el 'Ve por eso, porque yo lo digo', sino el 'Hay que ir porque si no vas la casa queda desordenada y mamá no puede arreglar todo al tiempo'. También hemos aprendido juntos a tener control emocional. El medicamento funciona, pero no basta. Todas las personas que tienen contacto con ellos deben contribuir. El tratamiento es, como dice el médico que nos atiende, una mesa de cuatro patas: medicación, terapia, familia y colegio. Si falta una, para el niño es difícil salir adelante".
Pasos para detectar o descartar el trastorno - Este trastorno se muestra cuando la hiperactividad y la impulsividad que padece acarrean problemas como mal rendimiento escolar y ser tachado de 'intenso'. Si esto ocurre por más de seis meses, consulte.
- No hay Tdah si el niño solo es inquieto en su casa o en el colegio y no tiene dificultades de convivencia ni de rendimiento escolar, si tiene una enfermedad pediátrica (como el asma) y si no oye ni ve correctamente.
- Debe consultar al médico cuando durante al menos seis meses seguidos hay desatención, hiperactividad, impulsividad y malestar significativo. No todos los niños con este mal requieren medicamentos.
Pautas para los padres - Esté seguro de que ante él usted esté calmado y sonriente.
- La medicación no reemplaza el tiempo, el interés y la atención, así que escuche a su hijo atentamente.
- Explíquele las reglas de la casa, que deben ser sencillas, y fije compromisos.
- Monitorice sus actividades.
- Haga un inventario de las habilidades y fortalezas del niño.
Pautas para los profesores - Procure sentarlo siempre frente a su escritorio.
- Tóquelo para llamar su atención.
- Permita que las tareas las haga en el colegio.
- En trabajos individuales, revíselos y coménteselos.
- Si lo nota inquieto, pídale que le haga mandados para que salga del aula.
- No lo siente junto a la ventana.
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