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Las funciones que como seres humanos somos capaces de realizar dependen de la idoneidad anatómica y funcional de la corteza cerebral y sus conexiones. Identificar las áreas y circuitos cerebrales que regulan cada una de estas habilidades es objetivo de la Neuropsicología. Para ello, los neuropsicólogos hacemos uso de técnicas que nos informan del estado anatómico y funcional del cerebro del sujeto. De forma paralela, usamos un conjunto de pruebas que nos posibilitan objetivar el rendimiento del paciente en distintas funciones psicológicas. Son ejemplos típicos de investigación en esta disciplina el estudio de las bases biológicas de la memoria y del lenguaje. Esto nos ayuda a comprender el funcionamiento cognitivo y cerebral tanto normal como patológico. Respecto a las patologías interesa conocer su etiología y patrón de afectación, así como desarrollar técnicas de intervención de utilidad clínica. El proceso se inicia con una evaluación destinada a detectar tanto las dificultades como las funciones preservadas. Una evaluación completa debe atender además al estado emocional y al ajuste con el ambiente. Esta información debe servirnos para realizar el perfil neuropsicológico del paciente detectando las áreas funcionales que requieren mejorar, lo que permitirá diseñar una intervención individualizada y ajustada a las peculiaridades de cada caso. Una especialidad dentro de la Neuropsicología es la Neuropsicología Infantil. Esta se define como el estudio de las relaciones cerebro-conducta en el contexto dinámico del desarrollo cerebral. De forma diferente a lo que ocurre en otras especies, el cerebro humano continúa desarrollándose después del nacimiento. Esta situación nos posibilita estudiar lo que denominamos desarrollo neuropsicológico. Esto es, el paralelismo existente entre el desarrollo cognitivo y el desarrollo cerebral. Será necesario que nuestra corteza cerebral haya alcanzado un adecuado nivel de desarrollo expresado en términos de crecimiento neural, establecimiento de conexiones, etc. para que la adquisición funcional sea óptima. Alteraciones prenatales, perinatales o postnatales que afecten al adecuado desarrollo cortical, tendrán su correspondiente repercusión en la adquisición funcional y también en el propio desarrollo cerebral.
Dar razón de los objetivos planteados desde la Neuropsicología Infantil requiere contar con instrumentos de evaluación que contemplen la dinámica del desarrollo cerebral. Es asimismo indispensable la evaluación del niño de forma integrada, contemplando las dimensiones neurológica, cognitiva y psicosocial. La dimensión neurológica hace mención a la necesidad de obtener información acerca de cómo ha sido el desarrollo del Sistema Nervioso Central del niño. Esto nos posibilita responder a la pregunta acerca de si ha habido algún tipo de alteración estructural y/o funcional que pueda explicar los déficit que evidencia éste. La dimensión cognitiva hace referencia al proceso de adquisición de funciones psicológicas complejas. Estudios realizados desde la Psicología Evolutiva han puesto claramente de manifiesto la existencia de un patrón jerárquico en el desarrollo cognitivo, evolucionando desde estados de pensamiento concreto hasta niveles de procesamiento más abstracto. Identificar deficiencias de este desarrollo normal y vincularlas con alteraciones en el desarrollo cerebral es un tema de interés central en Neuropsicología Infantil. La dimensión psicosocial contempla el hecho de que el niño/a se desarrolla dentro de un contexto social en el que la familia y la escuela representan elementos claves para brindarle la oportunidad de desarrollarse de forma armónica. Alteraciones en el entorno psicosocial pueden causar trastornos del desarrollo o maximizar la sintomatología clínica de los mismos. El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) representa un ejemplo de patología investigada desde la Neuropsicología Infantil. En efecto, los síntomas clínicos que definen a esta patología, -inatención, hiperactividad e impulsividad- parecen estar causados por un trastorno del neurodesarrollo con base genética que afecta de forma específica tanto a la neuroanatomía cortical, como al funcionamiento de ciertos circuitos neurales. Esta alteración de la dimensión neuronal tiene una repercusión conductual importante. Así, se observa que los TDAH son candidatos a alteraciones en la adquisición de funciones psicológicas complejas, siendo de especial interés neuropsicológico los déficit en funcionamiento ejecutivo. Todo ello sitúa al niño/a TDAH en una peor posición para la adecuada adquisición de los aprendizajes académicos clave en esta etapa de la vida. Además, se cumple que el TDAH es un trastorno que afecta de forma especial a la dimensión psicosocial del paciente. Éste ve gravemente alteradas las relaciones familiares y las relaciones sociales que establece. El acercamiento terapéutico idóneo a esta población es el que contempla tanto el estudio de las bases etiológicas del trastorno como los tratamientos médicos, neuropsicológicos y psicopedagógicos. Esta es la posición en la que se sitúa la Neuropsicología Infantil.
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