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De muchos niños se dice que son movidos. Que van como una moto. Que son un torbellino o un huracán. Que un menor sea activo no entraña mayores consecuencias a menos que el trajín sea tan intenso que afecte negativamente a su vida. Es entonces cuando los símiles meteorológicos se renombran con términos médicos, como el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), un desorden neurobiológico que afecta a, al menos, un estudiante de cada clase y que tiene un importante factor hereditario. Cuando se habla de TDAH es fácil incurrir en el error de la simplificación. Porque padecer este trastorno significa algo más que ser un niño movido. «Tienen síntomas de desatención, impulsividad y de hiperactividad más severos que la población general. Se dan de forma constante y en más de un entorno; en la escuela, en casa... Y todo ello causa un impacto negativo en su vida», explica Luís Augusto Rohde, jefe de Psiquiatría Infantil y del Adolescente del Hospital de Porto Alegre y considerado uno de los expertos internacionales en este ámbito. Rohde participó en un curso de actualización sobre este trastorno que se celebró en Donostia de la mano de la Fundación Carlos Elósegui. Cerca de un centenar de especialistas de toda España asisten a sus seminarios sobre este trastorno que afecta al 5,3% de la población. «Si calculamos que en una clase de primaria hay 25 alumnos, significa que al menos hay uno por clase, y no todos están detectados», apostilla Joaquín Fuentes, jefe del Servicio de Psiquiatría Infanto-Juvenil de Policlínica Gipuzkoa y organizador del curso. Este trastorno neurobiológico afecta en mayor medida a los chicos: tanto en la consulta brasileña del doctor Rohde como en la de Donostia del doctor Fuentes suponen el 80%. Un porcentaje elevado que tiene su explicación: «Hay distintas formas de TDAH. La mixta, cuando hay un problema de atención, impulsividad e hiperactivad, es mucho más frecuente en chicos y destaca más porque suelen causar más problemas. Sin embargo, las chicas tienen más TDA, que es un déficit de atención sin hiperactividad, por lo que pasan más desapercibidas». En clase están calladas y, aunque aparentemente parezca que presten atención, su mente puede estar muy lejos. De la dificultad de detectar el TDA, Rodhe cuenta que analizaron 500 niños en 12 escuelas en Brasil. «Descubrimos que sin duda alguna 100 tenían TDA, pero sólo 3 habían sido diagnosticados». ¿Y qué se puede hacer? «Habría que poner mucho énfasis en la formación de los profesores y pediatras, en ayudarles a entender estos trastornos para que puedan sospecharlos y detectarlos con el fin de canalizar los casos». Al contrario de lo que se creía hasta hace no mucho, el TDAH no es un problema que se circunscribe exclusivamente al ámbito escolar. «Influye también en accidentes, en la conducción, en las visitas a urgencias... Se ha visto que incluso registran mayor número de embarazos no deseados... Es un problema que afecta a todas las esferas de la vida», explican los dos expertos. Una vez diagnosticados, existen tratamientos psicosociales y psicofarmacológicos. Cada paciente es un mundo y precisa un tratamiento a su medida. Rodhe asegura que «la gran mayoría de los niños con TDAH va a necesitar en algún momento o a lo largo de su vida tratamiento psicofarmacológico». Con los niños con síntomas menos severos o que son especialmente jóvenes -que estén en preescolar- se prueba primero el tratamiento psicosocial. En este sentido, especialmente cuando se habla de terapias cognitivo-conductuales, tienen especial relevancia los padres, a través de los cuales se interviene en los niños. Los progenitores en esta situación necesitan que les informen sobre el trastorno. Y compartir experiencias con otros en su misma situación. En Gipuzkoa, la Asociación Adahigi (www.adahigi.org) se ocupa de apoyar a las familias.
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Más de 8.000 niños de entre 6 y 16 años tienen riesgo de padecer Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en la Región de Murcia, según revelan los resultaron del estudio internacional 'TDAH 360º', según informaron fuentes de los Laboratorios Lilly. El desarrollo social y emocional de los niños con TDAH es uno de los aspectos que más preocupan a padres y médicos, según reveló el estudio internacional sobre el 'Impacto y Tratamiento del TDAH más allá de los Síntomas Nucleares. Análisis de Opiniones de Padres y Médicos'. La patología provoca dificultades para mantener la atención, conductas hiperactivas y/o impulsivas, que afectan además al desarrollo emocional y social de los niños. Y es que, el TDAH afecta al 5 por ciento de la población infantil y juvenil, es decir que, en la Región de Murcia, más de 8.000 niños de entre seis y 16 años tienen riesgo de padecerlo. Las conclusiones de este estudio, realizado por Harris Interactive en colaboración con Lilly y la Federación Mundial para la Salud Mental, corroboran que la patología afecta a otros aspectos de la vida de los niños que lo padecen, al margen de los síntomas nucleares (déficit de atención, hiperactividad e impulsividad). Igualmente, incide negativamente en el desarrollo social y emocional, provocando baja autoestima, resultados académicos por debajo de lo exigido e incapacidad para participar en actividades sociales que requieran compartir o colaborar, entre otros. "Como médicos, tendemos a centrar nuestra atención en los síntomas tradicionales del TDAH. Sin embargo, esta encuesta prueba que este trastorno tiene un impacto que incide más ampliamente en el desarrollo social y emocional del niño y que es necesario reconocer dicho impacto", declaró la directora de investigación de la División de Psiquiatría Infantil de la Universidad de British Columbia (Canadá), Margaret Weiss. Por otro lado, el estudio detecta una gran diferencia de opiniones entre padres y médicos sobre la influencia del TDAH en la vida de los niños, lo que pone de manifiesto la necesidad de un diálogo serio entre ambas partes, en beneficio del tratamiento y mejora de los pacientes. La gran mayoría de los médicos, a diferencia de los padres, cree que este trastorno tiene un impacto "negativo" en el desarrollo social y emocional. De hecho, casi un tercio de los padres opina que el TDAH tiene "un poco o ningún" impacto en sus hijos. Además, el 81 por ciento de los médicos se sienten mucho más preocupados que los padres (66 por ciento) en la capacidad del niño para desenvolverse como adulto independiente. "Estas discrepancias se deben a que los padres aún desconocen las consecuencias de discapacidad que el TDAH provoca en el desarrollo emocional y social de sus hijos y, por ello, muchos todavía piensan que se trata de un trastorno pasajero o temporal", indicaron las mismas fuentes. Por ello, las asociaciones de ayuda a los familiares y afectados consideran imprescindible que las familias tengan una formación adecuada sobre cómo prevenir los riesgos que implica el TDAH en el desarrollo social y emocional de sus hijos. Y es que, aunque los padres y los médicos coinciden en que los niños con TDAH experimentan dificultades en muchas situaciones sociales y emocionales, sus opiniones varían en el grado del impacto. Así, para el 90 por ciento de los médicos, que estos niños "alcancen su máximo potencial" es mucho más desafiante que para los padres (77 por ciento). Además, los médicos también perciben que el niño con TDAH tiene un impacto mucho mayor en la vida familiar que el que los padres perciben, un 51 por ciento frente al 12 por ciento, respectivamente.
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El Campus de Verano se podría definir como una oferta de ocio terapéutico, llevado a cabo por psicólogos formados y especializados dentro del ámbito de la psicología clínica y el TDAH. Los objetivos principales son crear un ambiente terapéutico adaptado a las características de los participantes. Un espacio que tenga una estructura de funcionamiento dentro de la cual el niño/a con TDAH pueda llegar a su máximo potencial de aprendizaje y desarrollo social y que sea atractivo para los participantes. También queremos aumentar el número de horas semanales y, a nivel individual y familiar, abaratar el coste en relación al precio por hora.
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J&C Ediciones Médicas www.jc-edicionesmedicas.com, editorial especializada en la producción de contenidos en el área de la medicina y la salud ha publicado en el último año diferentes obras que tratan el trastorno por déficit de atención con hiperactividad ( TDAH) en niños y adultos. El TDAH en adultos: lo que nos dice la ciencia está escrito por Rusell A. Barkley, Profesor de Psiquiatría en la Universidad Médica de Carolina del Sur y Profesor Investigador de Psiquiatría en la Universidad New York Upstate en Siracusa. La obra, de valor incalculable para investigadores en psicología clínica, psiquiatría y otros campos relacionados, dirigida también a médicos y estudiantes, presenta los últimos avances producidos en el TDAH de los adultos. Este es el primer libro que proporciona una revisión sistemática y basada en la evidencia de este problema que tiene impacto en los afectados y sus familias, a la vez que identifica los caminos obligados para el diagnóstico, el tratamiento y la investigación de este trastorno. http://www.jc-edicionesmedicas.com/index.php/publicacion/publifront/action/show/publicacionId/114/ Levantarse, ducharse, arreglarse para salir de casa... son actos cotidianos que los adultos con TDAH tienen que aprender a afrontar. Un día en la vida de un adulto con TDAH de la Dra. Vera Joffe, experta en trastornos del desarrollo neurológico, muestra los elementos básicos que permitirán a las personas con TDAH elaborar estrategias para afrontar las dificultades diarias que surgen en la realización de tareas domésticas, actividades, trabajo, familia y vida social y emocional. El libro presenta los retos con los que puede encontrarse una persona con TDAH durante los eventos de un día cualquiera y presenta las herramientas adecuadas para afrontar los obstáculos que como adulto con TDAH puede encontrarse. Esta obra ha sido concebida como una herramienta dirigida a los adultos que han sido diagnosticados de TDAH. http://www.jc-edicionesmedicas.com/index.php/publicacion/publifront/action/show/publicacionId/226/ En el libro Ellos también tienen TDAH de Kathy Hoopman, autora del galardonado All Cats Have Asperger Syndrome y de una novela para adolescentes Haze, se presenta con una mirada estimulante y cariñosa para comprender el TDAH a través de imágenes e ideas extraídas del mundo de los perros que ayudan a explorar una variedad de rasgos que se reconocen en aquéllos que ya están familiarizados. Este libro, absorbente y perspicaz, combina el humor con la comprensión para reflejar las alegrías y los retos de criar un hijo que es diferente. http://www.jc-edicionesmedicas.com/index.php/publicacion/publiFront/action/show/publicacionId/246/
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Cuando un niño no para de jugar o de moverse y con frecuencia no presta atención a los detalles, incurre en errores por descuido en las tareas escolares o pierde objetos, es probable que pueda estar afectado de un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Los padres de niños con este trastorno suelen reclamar de los profesores más conocimiento sobre esta patología y un esfuerzo por adaptar las metodologías de estudio a los afectados. Este trastorno afecta al sistema nervioso y se manifiesta mediante el aumento de la actividad, la impulsividad y la falta de atención. Los síntomas de esta patología suelen presentarse en torno a los 6 años, cuando el niño comienza a socializarse en la escuela una vez que ha dejado el jardín de infancia e inicia el período de aprendizaje de las distintas materias escolares. Una persistencia de los síntomas durante al menos seis meses confirmaría que estamos ante un cuadro de cierta gravedad. A menudo, los síntomas confunden a los padres y educadores porque consideran que el niño es un tanto dejado o un poco vago en lo que se refiere a sus obligaciones escolares cuando en realidad estamos ante un ser enfermo que necesita, antes que medicamentos, cariño, comprensión y ayuda médica y en ningún caso castigos o reprimendas. El niño afectado por este problema extravía con frecuencia juguetes, lápices o libros, rechaza las tareas que requieren un esfuerzo mental y se dispersa con estímulos irrelevantes. El tratamiento de un niño hiperactivo puede incluir medicamentos. Pero para que éste tenga éxito debe implicarse en él la familia, que debe ser autocrítica y dejarse asesorar, y también los responsables de la escuela donde todavía las actuaciones dejan mucho que desear. Durante el reciente acto de presentación en Madrid del libro Hiperactivos. Estrategias y técnicas para ayudarles en la casa y en la escuela aportó su testimonio Mario Lázaro, un joven que fue diagnosticado con TDAH a los 12 años y que, gracias a la medicación y el tratamiento psicoeducativo, cursa en la actualidad estudios de ingeniería. Mario Lázaro destacó las dificultades que todavía tiene para referirse a su infancia por lo mal que lo pasó. ''Las situaciones siempre me dominaban y tenía estrés en el colegio porque no lograba las metas que otros sí podían. Esto me originaba una tremenda apatía y una desilusión constante que se traducía en ansiedad y agresividad'', dijo. Un 70 por ciento de los niños a los que se les diagnostica este trastorno mantendrá los síntomas durante la edad adulta, por lo que se verá obligado a medicarse durante el resto de su vida. Cuanto antes se descubra la enfermedad, el pronóstico será mejor a largo plazo porque será el momento ideal para comenzar el tratamiento, que tiene una doble vertiente: farmacológica, en la que se suministra al enfermo un estimulante de la atención llamado metilfenidato, y educativa. Aunque la hiperactividad es un trastorno del que aún no se conocen claramente las causas y no tiene curación en la mayoría de los casos, con un buen tratamiento los síntomas más característicos como la inquietud o la falta de atención pueden verse reducidos a la mitad. En lo que sí coinciden los especialistas es en que se trata de un problema neurológico que radica en que una parte de la corteza frontal del cerebro no coordina bien una serie de acciones, lo que origina inquietud, nerviosismo, falta de atención y que el muchacho se disperse. Un estudio desarrollado por unos médicos españoles, y publicado en 2005 en la revista norteamericana Academic Radiology, detectó alteraciones metabólicas en el cerebro de los niños hiperactivos, un descubrimiento que podría permitir en breve el diagnóstico precoz de esta patología crónica. Al llegar a la edad adulta, el hiperactivo se convierte en esa clase de personas ''inquietas, desorganizadas y despistadas que todos conocemos'', según el español Rafael Camino León, neuropediatra del Hospital de Reina Sofía de Córdoba, si bien hay casos más graves en los que esta enfermedad se vincula a trastornos de conducta e incluso a la ingesta de drogas. |
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De 594 niños cuyos padres informaron sobre un diagnóstico de TDAH, los que tomaron medicamentos obtuvieron 2.9 puntos más en pruebas estandarizadas de matemáticas y 5.4 puntos más en pruebas de lectura que los niños con TDAH que no estaban tomando medicamentos. Los investigadores se valieron de una muestra representativa nacional del estudio longitudinal de la infancia de niños que entraron al kínder en 1988 y les dieron seguimiento hasta el quinto año. Esos puntajes superiores fueron comparables con el avance esperado durante la quinta parte del año escolar para matemáticas y con cerca de la tercera parte del año escolar para lectura, según el estudio financiado por el Instituto Nacional de Salud Mental. "Se trata de más evidencia importante que establece claramente que tomar medicamentos no se trata sólo de que padres o maestros se sientan mejor con el niño o que piensen que está más dócil", señaló Stephen P. Hinshaw, autor del estudio y presidente del departamento de psicología de la Universidad de California en Berkeley. "En un una prueba objetiva, estandarizada y diseñada rigurosamente de las capacidades de lectura y matemáticas, obtuvimos evidencia de que hay logros del "mundo real". Se calcula que se le ha diagnosticado TDAH a 4.4 millones de niños en los EE. UU., según los Centros de Control y Prevención de las Enfermedades de los EE. UU. Cerca del 56 por ciento de esos niños toman medicamentos para el tratamiento del trastorno y para ayudarles a concentrarse. Los niños son más propensos a que se les diagnostique que las niñas. La incidencia para los niños es de 10.9 por ciento, en comparación con 4.4 por ciento para las niñas, según estadísticas de los CDC de 2003. Entre los síntomas del TDAH se encuentran distracción, impulsividad, soñar despierto de manera excesiva, inquietud y agitación, y dificultad para terminar las tareas. Existen varios tipos, uno marcado principalmente por la falta de atención, otro marcado por la hiperactividad y un tercer tipo que combina los dos anteriores. El TDAH se ha relacionado con bajos resultados académicos, como puntajes bajos en lectura y matemáticas, mayores índices de inicio de educación especial y altos índices de abandono escolar. Las investigaciones anteriores han demostrado los beneficios de los medicamentos para el TDAH para los niños que tienen la afección, como mejoras en la memoria a corto plazo, la realización de las actividades escolares y terminar las tareas. Sin embargo, se trata de uno de los primeros en contemplar el rendimiento académico a largo plazo, señaló Richard Scheffler, autor del estudio y profesor de políticas públicas de la UC en Berkeley. El Dr. Jon Shaw, director de la división de psiquiatría infantil y de adolescentes de la facultad de medicina de la Universidad de Miami aseguró que el estudio confirma lo que muchos profesionales de la salud mental y padres han sabido por años acerca de los beneficios de los medicamentos para el TDAH. "Este estudio de investigación está bien diseñado y corrobora lo que ya se sabía clínicamente durante años, que los niños afectados por síntomas de TDAH resultan perjudicados en su experiencia escolar y rendimiento académico", aseguró Shaw. "El uso prudente de los medicamentos apropiados para esta afección neurobiológica ayuda a estos niños a tener éxito en la escuela y en la parte académica". Aunque se ha demostrado que los medicamentos ayudan a los niños que tienen TDAH, el uso extensivo de medicamentos ha sido controvertido. Algunos aseguran que a los niños se les está medicando innecesariamente. El argumento del estudio no es que todos los niños que tengan problemas de atención tengan que ser medicados, advirtió Hinshaw. Sólo se debe hacer un diagnóstico de TDAH luego de una cuidadosa evaluación por parte de los médicos. Además, no todos los niños lograrán aumentos en los puntajes de las pruebas gracias al uso de medicamentos. "Esto no significa que todos los niños lograrán ese beneficio", aseguró Hinshaw. "Algunos más, otros menos. La familia y el profesional de la atención de la salud necesitan sopesar cuidadosamente los beneficios y los efectos secundarios potenciales. Aunque los medicamentos para el TDAH mejoraron los puntajes, los niños que tienen el trastorno obtuvieron de todos modos puntajes inferiores al promedio, en comparación con los niños que no tienen el trastorno. Además de recetas, los niños que tienen TDAH necesitan la participación activa de padres y maestros, quizás tutorías, para asegurarse de que obtengan logros académicos apropiados en la escuela.
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¿Su hijo se acuesta y se levanta siempre a la misma hora? ¿Cuántas horas duerme? ¿Se despierta de noche? Una investigación de la Universidad de Helsinki asoció la falta de descanso y el aumento en las posibilidades de padecer comportamientos propios del Síndrome de Hiperactividad y Déficit de Atención (TDAH) en chicos sanos.
El estudio, del que participaron 280 preescolares de entre 7 y 8 años y sus padres, concluyó que los chicos con déficit de horas de sueño tienen más riesgo de puntuar más alto en los tests que determinan la existencia de TDAH. Además, tienen una mayor incidencia de problemas de atención e impulsividad.
"En las últimas décadas, el tiempo de horas de sueño se recortó en los países occidentales. El mal descanso puede adoptar distintas formas, como levantarse de noche con frecuencia, acostarse tarde y hacer muchas diferencias entre los horarios de la semana y de los fines de semana", afirma Julia Paavonen, autora del estudio.
Los investigadores aseguran que, más allá de que cada chico "es un mundo", lo usual es que a los 7 años duerman entre 9 y 10 horas. Cuando no es así, suelen tener problemas para despertarse o despejarse, somnolencia diurna, dolor de cabeza, nerviosismo e irritabilidad.
Paavonen recomienda a los padres "mantener rutinas adecuadas en relación con el sueño, asegurarse de que se acuestan a la misma hora siempre, controlar el tiempo que pasan frente al televisor o la computadora y enseñarles la importancia del descanso adecuado".
Para el estudio, los científicos usaron la técnica llamada actigrafía durante entre 5 y 14 días: consiste en el registro de movimientos de la mano del paciente durante las horas de sueño. Eso permite detectar patrones de sueño-vigilia, apneas nocturnas, insomnio, entre otros problemas relacionados con el sueño.
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