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Hace una década apenas se hablaba de él, aunque es conocido desde hace unos setenta años. Ahora, cada vez hay más interés en documentarlo porque ya, más allá de la intuición, se sabe que es frecuente y responsable de muchas conductas incomprensibles o difíciles de niños y adolescentes que, de evaluarse y tratarse a tiempo, modificará las posibilidades de futuro de los afectados e, incluso, borrará la incomodidad que provoca a su alrededor. Es el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, ya conocido como el TDAH.  Son niños y adolescentes con serias dificultades para mantener la atención y con una hiperactividad o exceso de movimiento e impulsividad y dificultades en el control de los impulsos. España carecía de estudios epidemiológicos, salvo algunos muy restringidos. Ahora un equipo de Castilla y León ha resuelto el primero con una muestra que recoge las nueve provincias. Así, este trabajo, financiado por la Fundación Sánchez Villares, ha concluido que la comunidad tiene una prevalencia de este problema del 6,66% de los menores de entre los 6 y los 16 años, escolares de Educación Primaria y Secundaria. Es éste un porcentaje próximo a los revelados por investigaciones de otras partes del mundo que, en general, se mueven entre el 5% y el 8%, aunque algunos, según el método empleado, hablan del 17%. La investigación regional, realizada con una muestra de 1.095 estudiantes de una población diana de 212.657 menores, constata además que los casos detectados presentan una alta comorbilidad, es decir, otros trastornos de conducta o de ansiedad asociados, además de afectar de forma muy significativa al rendimiento académico y al comportamiento escolar, según explica el investigador principal, el pediatra Luis Rodríguez Molinero. El TDAH puede ser de tres subtipos diferentes, según predomine la desatención o la hiperactividad. Es combinado, el más frecuente, cuando cumple los criterios de falta de atención y de hiperactividad. Entre los niños y adolescentes de Castilla y León acapara el 4,38% del citado 6,66% de prevalencia. Es hiperactivo cuando tiene mucho más peso esta faceta que la de falta de concentración y afecta al 1% de dicho porcentaje. Y, por último, está el inatento, en el que la sintomatología más destacable es la que afecta a la atención y se concreta sólo en el 1,27% de los casos detectados. El estudio también revela una mayor incidencia entre los varones (69,9) que entre el sexo femenino (30,1%). En cuanto a tipo de colegios o zonas, las diferencias son escasamente significativas, según los autores del estudio, pero los datos sí revelan una mayor presencia del trastorno en los públicos que en los privados o concertados y en las localidades rurales que en las capitales.
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 El Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad es un problema de salud que ha existido toda la vida, pero actualmente es más notorio porque los papás se han olvidado de corregir a sus hijos, al no pasar el suficiente tiempo con ellos y dejar que sea la televisión -u otros medios- quien los eduque. Se trata de un problema de salud mental diagnosticado con más frecuencia en niños. Se identifica en un tres o cinco por ciento de niños en edad escolar y es más frecuente en varones, de acuerdo a estadísticas de la Organización Mundial de la Salud. A menudo los niños con este trastorno son incapaces de prestar atención a una tarea concreta durante un periodo prolongado, suelen ser hiperactivos o inquietos y, en general, son desorganizados e impulsivos. En un contexto histórico, el padecimiento tiene antecedentes tan remotos como la misma humanidad, que se ha agravado con el tiempo por la difícil convivencia y porque los padres de familia no cumplen con su responsabilidad de educar. Algunos niños con TDAH presentan sobre todo problemas para mantener la atención, otros son primordialmente hiperactivos e impulsivos y otros tienen problemas en ambas áreas. En ocasiones sacan malas notas en la escuela y son lentos para desarrollar habilidades sociales.
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Su hijo lanza un puñetazo en la escuela: ¿se trata de un capricho o un signo temprano de algo más grave, como un trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH) o un trastorno de oposición desafiante? La respuesta podría estar en su propio estado de salud mental. Según el nuevo estudio, los hijos pequeños de padres con trastorno bipolar, una enfermedad mental con pasajes anímicos graves de la depresión a la manía, tienen ocho veces más riesgo de desarrollar un TDAH que los niños pequeños de padres mentalmente sanos. También tienen seis veces más riesgo de tener dos o más trastornos mentales. El estudio, dirigido por Boris Birmaher, del Western Psychiatric Institute and Clinic, en Pittsburgh, Pensilvania, comparó a 121 niños, de 2 a 5 años, de 83 padres y madres con trastorno bipolar, con 102 niños de la misma edad de 65 parejas sin antecedentes de bipolaridad, que fue el grupo de control. El equipo excluyó a los padres que nunca habían recibido un diagnóstico de esquizofrenia, retraso mental o trastornos anímicos por abuso de drogas y fármacos o por enfermedades. Los resultados, publicados en American Journal of Psychiatry, apuntaron hacia un aumento del riesgo de TDAH y otros trastornos psiquiátricos en hijos de padres bipolares. Y mientras sólo tres niños de padres bipolares tenían trastornos anímicos, este grupo, sobre todo aquellos con TDAH y trastorno desafiante, tenía muchos más síntomas maníacos y depresivos graves que los niños del grupo control. Los padres bipolares observarían conductas en sus hijos que les recordarían a sus propios síntomas. Esa ansiedad sería justificable. "El factor de riesgo más importante del trastorno bipolar es la herencia familiar", indicó el equipo. Como ocurre en medicina, la detección temprana tiene sus beneficios, agregan los autores. Las intervenciones psicosociales para ayudar a los niños a regular su estado anímico son útiles cuando existen trastornos conductuales o signos de trastornos anímicos en una etapa posterior. Y el tratamiento efectivo de los problemas de salud mental de los padres "reduciría la gravedad, y hasta retrasaría o prevendría la aparición" de los mismos problemas en los hijos de padres bipolares. FUENTE: American Journal of Psychiatry, online 15 de enero del 2010
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¿Qué es el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)? La psicoterapeuta Gabriela Gurza explica que es un problema que se presenta principalmente en la niñez y se caracteriza por la imposibilidad para prestar o sostener la atención por periodos adecuados, repercutiendo en el ámbito escolar, social y familiar. El problema se presenta sin que pueda atribuirse a retardo mental, incapacidades sensoriales (ceguera o sordera), problemas del lenguaje o motricidad, así como perturbaciones emocionales severas. Además de la inatención, en muchos casos se presenta la dificultad para controlar el nivel de actividad y/o para controlar los impulsos; en otras palabras, son niños que no pueden permanecer quietos como estar sentados en el salón de clases y que realizan acciones que pueden ponerlos en peligro. ¿A partir de qué edad se puede diagnosticar? De acuerdo con el psicólogo José Manuel Bezanilla “es posible diagnosticarlo desde edades muy tempranas si se realiza una evaluación neurológica pero, generalmente, se descubre cuando el menor comienza la vida escolar ya que no presenta una conducta y un rendimiento adecuado”. El especialista comenta que este trastorno afecta del 5 al 8% de los niños en edad escolar y del 2 al 4% de los adultos. ¿Cómo se diagnostica? Gurza comenta que “el diagnóstico debe estar a cargo de un psicólogo que evalúe mediante la observación y manejo de pruebas, así como a través de la valoración neurológica con el médico especialista, pues la documentación sobre el trastorno señala que con frecuencia existe una disfunción cerebral mínima o inmadurez neurológica”.
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Los niños ambidiestros son más propensos a padecer síntomas de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (ADHD), según los resultados de un estudio difundido en la revista Pediatrics.
Estos niños son dos veces más proclives que sus compañeros a ser causantes de riñas y también presentan más probabilidades de tener problemas con el lenguaje, indicaron investigadores del Colegio Imperial de Londres.
Según los responsables del estudio, esto podría ocurrir por las diferencias en las conexiones neuronales.
Los expertos analizaron a ocho mil niños de entre siete y ocho años del norte de Finlandia, de los cuales 87 utilizan las dos manos por igual.
Estos menores presentaban una propensión mayor que los derechos a padecer dificultades del lenguaje y a tener un pobre rendimiento escolar.
Cuando investigaron a adolescentes ambidiestros también hallaron dos veces más probabilidades de que sufrieran síntomas de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (ADHD).
Se conoce que el uso de las manos se encuentra asociado a los hemisferios del cerebro. Cuando la persona es derecha el izquierdo es el dominante, área que también está involucrada con el lenguaje.
Los científicos han sugerido que el ADHD se podría relacionar con una función más débil en el hemisferio izquierdo del cerebro.
La autora principal del estudio, Alina Rodríguez, indicó que estos resultados no se deben tomar para significar que todos los niños ambidiestros tienen problemas en la escuela o desarrollaron ADHD.
Encontramos que los niños y los adolescentes que utilizan ambas manos presentan un riesgo más alto de sufrir ese trastorno o padecer problemas con el lenguaje, aclaró.
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La presidenta de la Asociación de Niños con Síndrome de Hiperactividad y Déficit de Atención (ANSHDA), Teresa Mora, instó al gobierno a reconocer este trastorno como necesidad educativa especial y, en consecuencia, a poner los medios necesarios para prevenir el fracaso escolar entre este colectivo. En declaraciones a Servimedia, Mora señaló que ahora mismo lo que se hace en España es atención a la diversidad, pero el Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) no se considera trastorno en sí mismo, añadió.
De ahí que el trato que reciben los niños con TDAH dependa de cada profesor, de su conocimiento y sensibilidad sobre este tema y del tiempo y las ganas de que disponga, apuntó Mora.
A su juicio, mientras que no se considere que el TDAH es un trastorno del aprendizaje por parte del sistema educativo y sanitario no se van a implantar medidas necesarias para ayudar a estos niños, con el desarrollo de medidas como la concesión de tiempo extra en los exámenes, el permiso para realizar descansos durante las clases o la prestación de refuerzos educativos, que en países como Estados Unidos ya se garantizan por ley.
Estas y otras propuestas aparecen en el libro Hiperactivos, que reeditado por la editorial "Lo que no Existe" tiene por objetivo combatir el alto índice de fracaso escolar entre este colectivo.
La presidenta de ANSHDA defendió la necesidad de un equipo de profesionales específico encargado de evaluar a los niños y de realizar el diagnóstico, cuyos resultados sean vinculantes y obliguen a la comunidad educativa a adoptar medidas. Ello implica que el TDAH se reconozca como necesidad educativa especial, recordó, si bien tal logro implica reformas de fondo en el sistema educativo, admitió.
Así reclamó la creación de la especialidad de psiquiatría infantil, ya que se están haciendo verdaderas aberraciones en el diagnóstico y en el tratamiento de esta enfermedad.
No se puede diagnosticar un TDAH en una consulta de cuarto de hora, criticó, y afirmó que hay casos de infradiagnóstico y de superdiagnóstico por falta de conocimiento y de tiempo.
Asimismo, Mora reivindicó una mejor formación sobre estos temas en la carrera de magisterio, pues mientras los futuros maestros no se formen en necesidades educativas especiales no vamos a avanzar.
Con todo reconoció la falta de medios y la gran diversidad a la que muchas escuelas deben hacer frente en la actualidad, y apostó por unir fuerzas en lugar de buscar culpables para resolver los problemas de los niños.
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¿Desde niño ha tenido problemas para concentrarse y organizar sus tareas? ¿se le olvidan las citas que concertó? ¿no puede estar tranquilo? ¿ha pospuesto de manera indefinida la terminación del primer capítulo del libro que le recomendaron? ¿posee el récord entre sus amigos de más accidentes automovilísticos? En pocas palabras, ¿por más esfuerzos que realice, no puede poner orden en su vida? El origen de este caos puede ser una alteración neurobiológica denominada Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH, por sus siglas en español), que se clasifica como predominantemente desatento, hiperactivo, impulsivo y mixto (el más común). Junto con miembros del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, la doctora Silvia Ortiz León, profesora titular del curso de Especialización en Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia en la Facultad de Medicina de la UNAM, participó en el desarrollo del trabajo titulado “Programa de Detección Temprana del TDAH del Adulto”. “Este problema de salud es bastante conocido en niños y adolescentes; además, está ampliamente documentado en la literatura médica; estudios reportan que su prevalencia a nivel global es de 3.3% a 5.3%; de este porcentaje, más de la mitad sigue teniendo manifestaciones clínicas en la edad adulta”, dice. La catedrática universitaria participó también en el desarrollo del denominado “Algoritmo de Tratamiento Multimodal para Adultos Latinoamericanos con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad”, cuyos resultados fueron publicados en la revista especializada Salud Mental (número uno de septiembre de 2009). “En nuestro país se reporta una prevalencia del 2%. De hecho, aunque por tradición ha sido considerado un problema propio de la infancia, varias voces especializadas en el tema comienzan a hablar del TDAH como de un trastorno crónico y sintomáticamente evolutivo”, asegura Ortiz León.
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